domingo, 7 de febrero de 2016

Los Molinos aún no tiene camino de ribera

“He vuelto a ver los álamos dorados, álamos del camino en la ribera (...) álamos de las márgenes del Duero, conmigo vais”, dijo Machado. Pues los álamos de nuestro modesto río sufren podas brutales y más que álamos hay sauces y fresnos, pero estos también se doran, y el río Guadarrama también es un recorrido entrañable de paseo donde lo permiten las zarzas y las ocupaciones de la orilla. Los Molinos vive de espaldas al río que a partir del siglo XVI movió los ingenios harineros que le dieron nombre. Y como ese río ha dejado de ser una cloaca -aunque ciertos tramos parecen vertederos-, nos gustaría poder atravesar nuestro pueblo viendo y oyendo el agua, conviviendo con la fauna de ribera y respirando algo que no sea humo de coches. Y si los que visitan Los Molinos quieren acoplarse, bienvenidos sean.


Para valorar un anteproyecto de senda (ver imagen arriba), el pasado domingo 24 visitamos la servidumbre del río con el presidente de la Sociedad Caminera del Real de Manzanares. Resulta que los municipios de la comarca, con el impulso del Observatorio del Patrimonio de la Sierra, pretenden recuperar la Vía 24 de Antonino (la continuación de la calzada romana de la Fuenfría), que según los arqueólogos pasaría por el Camino Viejo de El Escorial antes de entrar en ese nudo de caminos que es El Chaparral. Por tanto cualquier ramal turístico entre la calzada y el casco antiguo pasaría por el Camino de la Portuguesa, el molino de doble cubo de Evaristo (actualmente en rehabilitación) y el río. Y es que Los Molinos, con su humilde traza ganadera y su señorial estética granítica, ha heredado un patrimonio irreemplazable que la especulación aún no ha dilapidado tanto como en otros pueblos y que bien merece una vista.


Había visiones distintas de cómo sería un camino de ribera: un amplio paseo, alejado del colector de residuales que bordea el cauce, o un caminito donde si hay que pasar en fila india para no quitar un arbusto, así sea. O ambos podrían coexistir. Desde luego el peligro sería “limpiar” lo que son hábitats sin precio, como los troncos caídos que tendrán un aspecto desordenado pero que rebosan de vida silvestre. Tampoco hay que aumentar la presión sobre el entorno. Por tanto acordamos como primer paso encargar a un especialista un estudio de la fauna ribereña. Se han avistado mirlos acuáticos, así que sería interesante si alguien que haya observado estos u otra fauna destacable -al margen de gatos, que son muchos- nos lo comunicara. Habrá que ir dando pasos concretos, ya que los caminos se hacen al andar.